1973 fue un año clave en la Historia contemporánea: Ocurrió la primera gran crisis del petróleo, EEUU se retiró de Vietnam y el productor Arthur P. Jacobs compró los derechos cinematográficos de la novela Dune. Un libro que para todo aquel que lo desconozca es una archiconocida obra maestra de la ciencia ficción. Una obra famosa por ser prácticamente inadaptable a cualquier formato audiovisual debido a sus complicados aspectos conceptuales y de diseño.

Y pensaréis, ¿Qué importancia tiene esto para la historia de la humanidad? Pues aunque parezca mentira, el aleteo de esta mariposa provocó un tsunami cultural de dimensiones nunca vistas. Y todo ello porque Jacobs le encargó la adaptación cinematográfica de la obra a la última persona a la que nadie le habría encargado una película: Alejandro Jodorowsky. Este es el punto de partida del exquisito documental Jodorowsky’s Dune (Frank Pavich, 2013), un fallido proyecto que cambió la historia del cine para siempre.
Pues el chileno Jodorowsky – director, actor, pintor, escultor, filósofo, escritor, sociólogo, tarotista y psicomago de profesión que en 1973 era el gurú del cine experimental gracias a la extraña El Topo– decidió realizar la película más ambiciosa que nadie hubiera hecho nunca bajo dos modestos leitmotivs: «Crear al Dios de las películas para traer a un auténtico profeta a la tierra» y «conseguir que los espectadores alucinaran como si estuvieran colocados de LSD solo con ver la película». Fácil y sencillo.

El guion
Manos a la obra. El responsable del proyecto se embarcó en un guion que contaba ni más ni menos que con 3000 dibujos que secuenciaban plano a plano y diálogo a diálogo lo que el chileno tenía en mente. Una película en dibujos con una duración de más de 14 horas llena de licencias creativas aprobadas tanto por productor como por el autor. «Una guía telefónica» repleta de diseños y arte conceptual, que se llevó dos millones de dólares de los 9’5 presupuestados y que «sintetizaba» la visión del director.

El equipo técnico
Lo que la infinita mente de Jodorowsky no alcanzaba a plasmar, lo realizaba su equipo técnico, formado por aquel entonces por un equipo de don nadies talentosos y desconocidos. Un grupo de «guerreros espirituales» como los definía el director formado por HR Giger, dibujante y creador de Alien; Moebius, leyenda del comic y Chris Foss, reputado ilustrador de ciencia ficción. Y la banda que iba a ponerle música a tanta locura, Pink Floyd. Casi nada.

El reparto
Un proyecto tan ambicioso necesitaba actores que estuvieran a la altura. La decisión que se tomó fue reunir a un reparto estelar de egos dóciles como David Carradine, Orson Welles o Mick Jagger. Y a la cabeza de todos ellos, Salvador Dalí en el papel de emperador loco de la galaxia. Pidió 100000 dólares por hora, pues quería ser el actor mejor pagado de Hollywood. Como no podía ser de otra forma el acuerdo se cerró.

La financiación
Alejandro Jodorowsky puso toda la carne en el asador, pero nadie quiso comérsela: El proyecto se fue a pique. Tres fueron las razones: La primera, el rechazo de estudios y productores por la fama de genios locos que tenían el chileno y su equipo. La segunda, los 5 años de pre – producción que habían consumido todo el presupuesto ( Asusta pensar en lo que hubiera costado ese rodaje). Y la tercera y principal, el miedo a llevar a la gran pantalla una obra excéntrica y surrealista, larga hasta decir basta y presumiblemente incomprensible para la mayoría del público.

El estilo de Jodorowsky’s Dune
Sin salirse del estilo clásico del documental, los testimonios de un nostálgico director sostienen la película. Ésta intenta homenajear lo que el chileno quiso y no pudo hacer: Darle vida a las letras de Frank Herbert. Lo consigue el director Frank Pavich animando los bocetos y diseños que hace cuatro décadas imaginaron Moebius, Giger y compañía. Ellos mismos se encargan de aportar sus vivencias como parte activa del proyecto complementando a Jodorowsky junto a otros expertos y productores involucrados.Y todo ello mientras flota en el ambiente la misma pregunta que todos nos estamos haciendo: ¿Y si se hubiera realizado Dune cómo habría sido?

El legado
Dune nunca pasó de pre-producción. Y su complejo guion cargado de arte conceptual fue pasando de mano por distintas productoras. Hasta que un día quedó abandonado en la vieja estantería de un almacén. Años más tarde, el productor italiano Dino de Laurentiis compraría los derechos de la obra. Ésta sería llevada infaustamente al cine por David Linch.
Pero cuenta la leyenda que un día un joven director que daba sus primeros pasos encontró el manuscrito en aquel almacén. Se llamaba Ridley Scott. Y que en sus hojas, encontró la inspiración y los diseños para realizar Alien: El octavo pasajero y Blade Runner. Dos de las obras cumbres de la ciencia ficción cinematográfica, que revolucionaron el cine y que beben directamente de este guion.
Lo mismo le pasó a George Lucas, tras cuya lectura surgió Star Wars y Terminator. Y a las hermanas Wachowski, que encontraron la iluminación necesaria para abordar Matrix. Pues dicen que el que lee el guion, encuentra la inspiración para realizar un proyecto de ciencia ficción original y revolucionario.
A fin de cuentas, es el padre de todos los guiones.